Como en el fútbol, al día siguiente del partido analizas la situación con la cabeza más despejada. Habiendo alejado un poco (sólo un poco...) las sensaciones que todavía te atrapan en esa espiral de deseo que nunca acaba.

No sé si será que me estoy haciendo de otra pasta o qué, pero me siento mejor de lo que esperaba. He hecho algo que mi conciencia no me permitía y lejos de torturarme por ello, lo estoy asumiendo con una naturalidad que me asusta. Me gustó. Y mucho. Lo hecho, hecho queda y aunque no lo voy a repetir, entre otras cosas porque no voy a dar ocasión a que ocurra, lo voy a recordar siempre.

Me recrearé en ese recuerdo como lo hice estos últimos 10 años, pero ahora que sé todo lo que pasa por su mente, que no fue un espejismo (como así lo estuve pensando todos estos años atrás) que fue real y sincero, podré seguir adelante mirando la vida con optimismo renovado.

Otra cosa será volver a mi vida tal y como era antes y mirar a los ojos a mi familia y no sentir que les he defraudado.

Ya lo pensaré mañana. Hoy no me voy a agobiar.